La infelicidad de la vida moderna
la ilusión de tener más para ser feliz
En 2006 llegó a los cines En busca de la felicidad, una película que cuenta la historia de un hombre que atraviesa enormes dificultades económicas mientras lucha por darle una vida mejor a su hijo. Al finalizar la historia, muchas personas concluyen que el protagonista encuentra la felicidad cuando consigue el trabajo que tanto anhelaba.
Pero la pregunta es inevitable: ¿un trabajo da la felicidad?
Si observamos la historia con un poco más de profundidad, podemos notar que ese empleo representaba mucho más que una jornada laboral de ocho horas frente a una computadora o atendiendo llamadas. Para él, significaba estabilidad, seguridad y la posibilidad de sobrevivir en una sociedad donde el dinero parece ser el recurso más importante para acceder a una vida digna.
Y es justamente ahí donde nace una de las grandes paradojas de la vida moderna.
Hemos construido la idea de que una "vida mejor" está llena de lujos, viajes, objetos materiales y reconocimiento social. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a observar todo aquello que ya existe en nuestra vida y que, muchas veces, pasa completamente desapercibido.
Ahí es donde el mindfulness cobra sentido.Esta práctica nos invita a regresar al presente, a conectar con nuestra respiración, con nuestro cuerpo y con el simple hecho de estar vivos. Nos recuerda que la felicidad no siempre se encuentra en el siguiente objetivo o en la próxima compra, sino en aprender a experimentar plenamente el momento que estamos viviendo.
Existe un ejemplo muy interesante de esta filosofía.Matthieu Ricard, monje budista, escritor y exbiólogo molecular francés, ha sido conocido popularmente como "el hombre más feliz del mundo" debido a investigaciones realizadas sobre la actividad de su cerebro durante la meditación. Su estilo de vida está muy lejos de lo que muchas personas considerarían exitoso desde una perspectiva material. No vive rodeado de lujos ni acumula riquezas. Sin embargo, dedica su vida al cultivo de la compasión, la atención plena y la paz interior.
Su historia nos invita a cuestionarnos una creencia profundamente arraigada:
¿Y si tener más no significara ser más feliz?
Desde muy pequeños escuchamos mensajes como: "esfuérzate para tener más", "cuando logres esto serás feliz", "cuando tengas dinero podrás vivir tranquilo". Poco a poco terminamos asociando nuestro valor personal con lo que poseemos.
Pero nuestro valor nunca debería depender de nuestras pertenencias.
Quiero aprovechar este espacio para invitarte a mirarte de verdad.
No frente a un espejo.
Sino hacia tu interior.
Observa tus pensamientos, tus emociones, tus miedos, tus sueños y aquello que hace única tu existencia. Cada persona tiene algo valioso para aportar al mundo, pero antes de ofrecerlo hacia afuera, necesita conocerse a sí misma.
Aprender a cuidarnos con la misma dedicación con la que cuidaríamos a alguien que amamos.
Escucharnos.
Comprendernos.
Aceptarnos.
El mindfulness propone precisamente eso: dejar de vivir únicamente como protagonistas que reaccionan de forma automática ante todo lo que ocurre y comenzar a convertirnos también en observadores de nuestra propia mente.
Observar un pensamiento antes de creerlo.
Observar una emoción antes de actuar impulsivamente.
Observar una sensación sin dejar que controle nuestras decisiones.
Cuando aprendemos a observarnos con atención, comenzamos a responder a la vida con mayor calma y claridad.
Y uno de los caminos más sencillos para desarrollar esa capacidad es la meditación.
Un momento para ti
Si llegaste hasta aquí, quiero invitarte a regalarte apenas unos minutos de tranquilidad.
Busca una posición cómoda y, por un instante, deja de lado las preocupaciones del día.
Ahora imagina que dentro de tu pecho hay un globo del color que más te guste. Puede ser uno o incluso dos, como si fueran tus pulmones.
Comienza inhalando lentamente.
Mientras entra el aire, imagina cómo esos globos se expanden poco a poco, llenándose de vida. Observa cómo su color se vuelve más brillante y luminoso con cada respiración.
Mantén el aire unos segundos.
Y luego exhala despacio.
Siente cómo los globos regresan lentamente a su tamaño inicial, soltando todo aquello que ya no necesitas.
Repite este ejercicio varias veces.
Si aparece algún pensamiento, no luches contra él ni intentes hacerlo desaparecer. Simplemente obsérvalo y vuelve, con suavidad, a tu respiración y a la imagen del globo inflándose y desinflándose.
Solo eso.
Respirar.
Estar presente.
Para terminar...
Si realizaste el ejercicio, me encantaría que me contaras en los comentarios cómo te sentiste y qué pensamientos surgieron durante la práctica.
Gracias por regalarme unos minutos de tu tiempo.
Nos encontramos en un próximo blog.
Con cariño,
Amabella Ayala
CEO de M.A.P.S.

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